Un recorrido por la vida de Antonio, tejida con arte, esfuerzo, familia y una profunda huella en el atletismo riojano. Descubre la historia completa de su inspirador legado.
Sus Primeros Años
Antonio Moreno de Frutos (1952–2024). Una vida tejida con arte, esfuerzo y compromiso.
Antonio Moreno nació en Segovia en 1952, aunque desde muy pequeño su vida se trasladó al norte, a Bilbao, donde su familia se asentó y él comenzó a forjar su identidad. De joven no destacó especialmente por sus estudios, pero sí dejó entrever un carácter curioso, inquieto y creativo que lo acompañaría siempre.
Adolescencia: Deporte y Música
A los 15 años se proclamó campeón de Vizcaya de salto de altura. Quién le iba a decir entonces a Antonio que, muchos años después, el atletismo volvería a cruzarse en su camino de una forma mucho más profunda.
A los 17 años, junto a su hermano, fundó el grupo musical “Los Rangos”, con el que ganaron el II Festival de Música Joven de Bilbao. La música fue su primer canal de expresión pública, pero no sería el único.
Años 70: Arte y Espíritu Emprendedor
Ya en Logroño, se implicó con fuerza en el panorama cultural riojano de finales de los años 70, formando parte del colectivo artístico “El Greco”, que dinamizó la vida expositiva de la región. Antonio era pintor, con un “estilo abstracto muy especial y lleno de color”, como destacaban las crónicas de la época.
Durante aquellos años también fundó su propia tienda de cuadros: "Arte 2003, La Casa del Artista", un espacio que fue punto de encuentro para artistas y amantes del arte.
Su inquietud creativa convivía con su capacidad emprendedora: probó suerte en diversos negocios, desde la electrónica hasta una tienda de ropa juvenil con el nombre de su hija: Raquel Moda Infantil y Juvenil. Su espíritu emprendedor lo llevó, más adelante, a convertirse en socio fundador de Incoluz, empresa que acabaría siendo referente nacional en el sector de la imagen corporativa.
El Deporte: Encuentro Familiar
Fue en Logroño donde su historia se vinculó definitivamente al deporte. No porque el atletismo fuera su pasión inicial, sino por una razón más poderosa: el compromiso con sus hijos.
Ante la falta de entrenadores en el colegio, asumió la dirección del equipo de fútbol sala en el que participaba Raúl, su hijo mediano, formándose y obteniendo el título de entrenador. También entrenó a su hijo mayor, Marcos, en el equipo del instituto.
1992: Nacimiento de La Rioja Atletismo
Años después, cuando su hija Raquel comenzó a practicar atletismo, Antonio volvió a implicarse: al principio como padre que acompaña, y luego como entrenador improvisado durante unos años. Y ahí, sí: el atletismo le atrapó para siempre.
En 1992, junto a un grupo de entusiastas, fundó el Club de Atletismo El Corvo, germen del actual La Rioja Atletismo. Su visión era clara: construir un club abierto, integrador y formativo. Bajo su liderazgo, el club alcanzó hitos como el ascenso a 1ª División Nacional, y puso en marcha las primeras escuelas de atletismo, base del actual modelo de formación del club.
100 Popular y Federación
Antonio fue también el impulsor del 100 Popular, una prueba urbana de 100 metros pensada para escolares y para la ciudadanía en general. Una idea sencilla y brillante que sigue viva hoy, por su capacidad de hacer del atletismo una fiesta para todos. Durante 25 años el 100 congregó a centenares de velocistas improvisados de todas las edades. Ahora son los padres y madres que corrieron los que llevan a sus descendientes a que lo hagan.
Su entrega al atletismo le llevó a ser presidente de la Federación Riojana de Atletismo, desde donde promovió una estructura moderna, más cercana a la base y adaptada a los nuevos tiempos.
El Legado Familiar
Y el círculo se completó: todos sus hijos, y más tarde sus nietos, se han ido volcando en el atletismo, haciendo de este deporte un legado familiar. Antonio lo vivía con orgullo, siempre presente, siempre animando.
Más allá del deporte, Antonio fue un hombre profundamente familiar. Los domingos eran sinónimo de fideuá, guitarra, conversación y familia. Un anfitrión generoso, un padre entregado, un abuelo lleno de actividades y tiempo para los suyos. Su casa era un espacio de encuentro donde siempre había algo que compartir: una melodía, una anécdota o una idea nueva.
Nada de esto habría sido posible sin el apoyo constante de María José, su compañera de vida desde la adolescencia. Con ella compartió cada proyecto, cada esfuerzo y cada logro. Juntos formaron un equipo, una familia, que es hoy ejemplo de unidad, cariño y compromiso.
Un Legado que Perdura
Antonio fue un hombre de ideas y acción, con una capacidad extraordinaria para inspirar y transformar su entorno. Su legado no cabe en una pista de atletismo, ni en un cuadro, ni en una empresa. Su legado es una forma de vivir, de estar, de dejar huella.
Y en esta I Nocturna de Atletismo – Memorial Antonio Moreno de Frutos, lo celebramos como él vivió: con alegría, compromiso, y rodeados de quienes creemos, como él, en el poder del deporte y de las personas. Va por Antonio.