Misión. Visión. Valores.

Hace años escribí sobre estas tres palabras porque empezaban a aparecer en cualquier organización. Desde entonces han colonizado paredes, páginas web, presentaciones y planes estratégicos.

También los clubes deportivos tenemos valores.

Podríamos hacer una lista: esfuerzo, respeto, compromiso, convivencia, inclusión, superación... Son palabras correctas. Tan correctas que, si no hacemos algo con ellas, dicen bastante poco.

Por eso preferimos explicar #AtletismoConValor de otra manera.

Mirando lo que hacemos.

Si decimos que formar importa, habrá que verlo en cómo funcionan las Escuelas y en el papel de los entrenadores. Si creemos que un atleta debe crecer con autonomía, tendrá sentido crear espacios como la Academia Atlética. Si hablamos de comunidad, debería notarse cuando organizamos Atletismo en Familia o cuando unas familias abren su casa a jóvenes que llegan desde Valencia después de una situación difícil.

Y si decimos que queremos acercar el atletismo a la sociedad, tendremos que probar formatos como el Memorial o mantener una puerta tan sencilla como el 100 Popular.

Ninguna de esas iniciativas demuestra por sí sola que seamos mejores que nadie.

Tampoco hace falta.

Lo interesante es que obliga a bajar las palabras al suelo. A decidir qué hacemos, cuánto tiempo dedicamos, qué recursos ponemos y qué estamos dispuestos a cambiar.

Los valores tienen además una característica incómoda: aparecen cuando hay conflicto.

Es fácil hablar de formación cuando todo va bien. Es más difícil decidir entre un resultado inmediato y un proceso a largo plazo. Es fácil hablar de convivencia en una presentación. Es más complicado organizar un grupo en el que conviven objetivos y niveles diferentes.

Ahí es donde las palabras empiezan a valer algo.

#AtletismoConValor no debería ser una explicación sobre nosotros mismos.

Debería ser una forma de mirar lo que hacemos y comprobar si se parece a lo que decimos.

Y si alguna vez no se parece, tocará cambiar lo que hacemos.

No el lema.