Hace años titulé un artículo con una pregunta: “El éxito y el fracaso, ¿son del deportista?”

Empezaba respondiendo que no.

Hoy matizaría bastante aquella respuesta.

El atleta es el protagonista. Entrena, compite, toma decisiones y tiene responsabilidades. Nadie puede hacer una serie por él, entrar en un círculo por él o gestionar una competición en su lugar.

Pero alrededor existen otras personas.

Entrenadores, fisioterapeutas, médicos, familia, club y, en niveles altos, más profesionales. Cada uno interviene en una parte del proceso. Y cuando las cosas salen mal resulta demasiado fácil reducirlo todo a “el atleta no rindió”.

Una mala marca puede ser simplemente una mala marca.

También puede ser consecuencia de una planificación equivocada, una recuperación insuficiente, una lesión mal gestionada, una decisión técnica que no funcionó o un calendario que no estaba bien construido. Normalmente la realidad mezcla varias cosas.

Por eso interesa analizar sin buscar culpables.

¿Qué sabíamos cuando tomamos la decisión? ¿Qué señales no vimos? ¿Qué hizo bien el atleta? ¿Qué podría haber hecho mejor? ¿Qué responsabilidad correspondía al entrenador? ¿Había información que no compartimos entre quienes trabajaban con él?

Hacer esas preguntas exige una cosa complicada: reconocer errores.

El entrenador también se equivoca. El médico puede revisar un diagnóstico. El fisioterapeuta puede cambiar una intervención. El atleta puede admitir que no comunicó cómo estaba o que no cumplió una parte del plan.

Cuando existe confianza, reconocerlo fortalece el proceso.

Cuando cada uno protege su parcela, el atleta suele quedar en medio.

Esto es especialmente importante con jóvenes que empiezan a asumir más responsabilidad sobre su carrera deportiva. La autonomía no consiste en dejarles solos. Consiste en hacerles cada vez más partícipes de las decisiones que les afectan.

El éxito tendrá muchas causas.

El fracaso también.

Pero hay una jerarquía que no deberíamos olvidar nunca: todo el equipo existe para ayudar al atleta, no al revés.