“¿Cuántas series hago?”

Es una pregunta normal. El entrenador responde y el atleta ejecuta. Pero hay otra pregunta bastante más interesante:

“¿Para qué las hago?”

Durante mucho tiempo el modelo de entrenamiento ha funcionado con una división muy clara. El entrenador sabe y decide. El atleta hace. En determinadas edades y situaciones tiene sentido que sea así. El problema aparece cuando pasan los años y el deportista sigue necesitando instrucciones para interpretar cualquier cosa que le ocurre.

La autonomía también se entrena.

No significa que el atleta diseñe su planificación ni que discuta cada decisión. Significa que entiende progresivamente qué capacidades está trabajando, por qué hay momentos de más carga y otros de recuperación, qué señales debe observar, cómo preparar una competición o por qué un ejercicio que aparentemente no se parece a su prueba puede ser importante.

La Academia Atlética nació alrededor de esa idea.

Queríamos crear un espacio complementario al entrenamiento habitual. Hablar de aquello para lo que muchas veces no hay tiempo entre una serie y otra. Escuchar a profesionales de ámbitos diferentes, preguntar, relacionar conocimientos y ayudar a que nuestros jóvenes deportistas construyan criterio.

Un atleta que entiende participa mejor en su propio proceso.

Puede explicar con más precisión qué siente. Aprende a diferenciar cansancio de dolor. Entiende que descansar no siempre significa perder tiempo. Puede hablar con un fisioterapeuta, un entrenador o un médico con más información. Y, sobre todo, empieza a asumir responsabilidades.

Eso también prepara para el futuro.

No todos continuarán compitiendo muchos años. Algunos serán entrenadores, otros seguirán vinculados al deporte y otros simplemente mantendrán una relación con el ejercicio físico. Lo aprendido permanece aunque cambie la marca o desaparezca la competición.

Hay una frase que repetimos mucho en el entrenamiento: hazlo bien.

Quizá deberíamos añadir otra con más frecuencia:

Entiende por qué lo haces.