La pregunta aparece de vez en cuando: ¿es obligatorio competir?
En La Rioja Atletismo entendemos que sí, dentro de un proceso razonable y adaptado a la edad y al momento de cada atleta. No porque pensemos que todos tienen que ganar, hacer una gran marca o acabar dedicándose al atletismo. Precisamente por lo contrario.
Entrenar atletismo sin competir deja fuera una parte importante del propio atletismo.
Una salida de tacos cambia cuando hay otros atletas al lado. Un concurso de longitud obliga a esperar, medir riesgos y resolver un salto en un número limitado de intentos. En un lanzamiento hay que entrar al círculo, ejecutar, salir correctamente y aceptar que unas veces el artefacto vuela y otras no. Una carrera obliga a gestionar ritmo, nervios, rivales y cansancio.
Nada de eso se reproduce exactamente en un entrenamiento.
Competir sirve para comprobar lo aprendido, pero también para descubrir lo que todavía no sabemos hacer. Enseña a prepararse, a llegar a una hora, a escuchar una cámara de llamadas, a respetar unas normas, a convivir con otros clubes y a aceptar un resultado. A veces el resultado será bueno. Otras veces no.
El problema aparece cuando confundimos competir con ganar.
Si cada competición se convierte en un examen definitivo, probablemente estaremos utilizando mal una herramienta magnífica. Una marca es información. Una clasificación también. Nos dicen dónde estamos ese día, en esas condiciones y frente a esos rivales. Después habrá que interpretarlas.
En formación hay competiciones que sirven para probar una disciplina nueva, otras para aprender a ejecutar mejor y otras en las que sí buscamos rendimiento. No todas tienen que pesar lo mismo.
También habrá momentos personales en los que convenga adaptar el calendario. Formar atletas no consiste en aplicar una regla sin mirar a quién tenemos delante.
Pero hay algo que intentamos mantener: la pista no se aprende únicamente entrenando.
Se aprende entrenando y compitiendo. Y, sobre todo, aprendiendo a entender qué significa cada cosa.

