Al atleta le gusta hacer aquello en lo que reconoce su prueba.
El velocista quiere correr rápido. El saltador quiere saltar. El lanzador quiere lanzar. El fondista quiere acumular el trabajo que identifica con su especialidad.
Después aparecen ejercicios que parecen vivir en los márgenes.
Movilidad. Fuerza general. Control del tronco. Trabajo de pies. Estabilidad. Ejercicios unilaterales. Rutinas vinculadas a lesiones anteriores. Preparación de tejidos para tolerar determinadas cargas.
Hace años llamé a todo eso “entrenamiento complementario”.
El nombre puede llevar a engaño. Complementario parece secundario. Y algunas de esas tareas son precisamente las que permiten realizar el trabajo principal con continuidad.
La clave no está en hacer una colección interminable de ejercicios preventivos.
Ese fue también un aprendizaje. Podemos llenar una sesión de pequeñas tareas “por si acaso” hasta dejar poco espacio para entrenar aquello que realmente mejora el rendimiento. El trabajo complementario también necesita prioridades.
¿Qué exige nuestra prueba? ¿Qué limita a este atleta? ¿Qué antecedentes tiene? ¿Qué cargas vamos a introducir en las próximas semanas?
Las respuestas deberían decidir la rutina.
Un lanzador que necesita tolerar grandes fuerzas y velocidades no tiene las mismas necesidades que un corredor de fondo. Dos lanzadores tampoco tienen por qué compartir exactamente el mismo trabajo. Una lesión anterior puede justificar una intervención concreta durante meses y ser casi irrelevante para otro atleta.
Además, estas tareas cambian durante la temporada.
Hay momentos de construcción en los que pueden ocupar más espacio. Cerca de la competición quizá buscamos dosis menores que mantengan adaptaciones sin generar fatiga innecesaria.
Lo complementario funciona cuando facilita lo principal.
No debería convertirse en un ritual que hacemos porque siempre aparece al final de la hoja de entrenamiento.
A veces diez minutos bien elegidos tienen mucho valor.
Y a veces la mejor decisión es quitar tres ejercicios que ya no sabemos por qué seguimos haciendo.

