Guillermo de Ockham murió en el siglo XIV y, que sepamos, nunca planificó una temporada de atletismo.
Aun así, hace años lo metí en un artículo sobre entrenamiento.
La llamada navaja de Ockham propone, simplificando mucho, no multiplicar explicaciones sin necesidad. Si tenemos varias hipótesis capaces de explicar algo, conviene empezar por la más sencilla que encaje con los hechos.
En entrenamiento no siempre lo hacemos.
Un atleta empieza a rendir peor y enseguida buscamos una causa extraordinaria. Cambiamos ejercicios, suplementos, cargas, material o técnica. Pedimos más datos. Construimos una explicación sofisticada.
Y quizá lleva tres semanas durmiendo mal.
Un lanzamiento pierde velocidad y pensamos en modificar una parte compleja del gesto. Tal vez el atleta llega fatigado al trabajo técnico. Un corredor no completa los ritmos previstos y buscamos un nuevo método. Puede que simplemente hayamos acumulado demasiada carga.
Lo sencillo no siempre será la respuesta.
Una lesión puede necesitar diagnóstico médico. Un estancamiento puede esconder un problema complejo. Un gesto técnico puede requerir un análisis profundo. Ockham no nos autoriza a ser superficiales.
Nos obliga a ordenar las preguntas.
Antes de introducir una solución nueva conviene revisar lo básico: carga, recuperación, continuidad, técnica, contexto, comprensión de la tarea y estado del atleta. Después, si hace falta, profundizamos.
Esto tiene otra aplicación.
El mercado del entrenamiento produce continuamente ejercicios novedosos, dispositivos, sistemas y nombres nuevos. Algunos aportan muchísimo. Otros solucionan problemas que quizá no teníamos.
La sofisticación puede ser útil. La complejidad innecesaria, no.
Un buen entrenador necesita conocimiento suficiente para manejar problemas complejos y criterio suficiente para no complicar los sencillos.
Pareto y Ockham aparecían juntos en mis viejos artículos.
Hoy sigo pensando que harían una pareja bastante útil en una pista: prioriza lo importante y no compliques lo que no lo necesita.
No está mal para dos señores que nunca entrenaron atletismo.

