Hace años escribí que, en el deporte escolar, conviene diferenciar entre adiestradores y educadores. La palabra puede sonar dura, pero la idea sigue pareciéndome válida.

Un entrenador puede saber mucho de atletismo y no saber trabajar con jóvenes.

En una pista enseñamos a correr, saltar y lanzar. Corregimos una posición, organizamos una sesión, decidimos una carga y acompañamos a una competición. Ese es nuestro trabajo técnico. Pero mientras hacemos todo eso también estamos enseñando otras cosas, queramos o no.

Un entrenador enseña cómo se llega a entrenar. Cómo se trata al compañero que tiene menos nivel. Cómo se reacciona cuando una marca no sale. Cómo se escucha. Cómo se cuida el material. Cómo se acepta una decisión. Cómo se trabaja durante semanas para conseguir algo que quizá dure unos segundos.

Y enseña, sobre todo, con lo que hace.

Los jóvenes observan mucho más de lo que parece. Detectan si el entrenador es puntual, si prepara la sesión, si trata a todos con respeto, si cambia de criterio según quién tenga delante o si es capaz de reconocer que se ha equivocado.

Por eso la formación de un entrenador de jóvenes no puede limitarse a conocer ejercicios. Tiene que saber atletismo, por supuesto. Cuanto más, mejor. Pero también necesita entender las etapas de desarrollo, saber comunicar, observar, adaptar y construir un entorno en el que aprender resulte exigente sin dejar de ser estimulante.

En La Rioja Atletismo trabajamos con grupos reducidos y una planificación coordinada. Eso ayuda a ordenar contenidos y progresiones. Pero ningún documento sustituye al entrenador que está cada tarde delante del grupo.

Hay días en los que tocará explicar una batida. Otros, ordenar un entrenamiento que se está dispersando. Alguna vez habrá que frenar a quien quiere hacer demasiado y otras habrá que empujar un poco a quien todavía no confía en lo que puede hacer.

Eso también es entrenar.

Trabajar con jóvenes tiene una responsabilidad añadida: probablemente olvidarán muchos de los ejercicios que hicieron con nosotros. Es bastante posible que no olviden cómo se sintieron mientras aprendían.